El segundo periodo del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está lleno de sorpresas. A la gira de cinco días por Europa, iniciada ayer en Bruselas y que busca una reconciliación con sus aliados europeos tras la ocupación de Irak, se suma la revelación del “The New York Times” sobre unas conversaciones del mandatario con un amigo, en las cuales le confiesa -de manera implícita- que en su juventud fumó
marihuana.
Así, mientras el jefe de la Casa Blanca aterrizaba en la capital belga con la intención de resaltar sus intereses pacifistas, en Washington no se hablaba de otra cosa que de las conversaciones de Bush con su amigo Doug Wead, grabadas por éste entre 1998 y 2000, y en las cuales el mandatario habría admitido el consumo de
marihuana. <?xml:namespace prefix ="" o />
En las nueve horas de grabación, realizadas por Wead cuando ambos discutían estrategias políticas, el Presidente norteamericano admite que “no contestaría a preguntas sobre la
marihuana… Porque no quiero que un jovencito hiciera lo que yo hice, que diga lo hizo Bush, entonces puedo hacerlo yo también”.
No hubo desmentidos de la Casa Blanca a las conversaciones, en las cuales el presidente también confiesa odiar al ex vicepresidente Dan Quayle. Para bajarle el perfil al tema, el portavoz presidencial, Trent Duffy, expresó que sólo se trata de “conversaciones casuales con alguien que Bush consideraba su amigo”. La duda es si el mandatario se sentirá traicionado por la difusión pública de una charla que consideraba privada.
No Tags